El Bautismo es un Sacramento instituido por Jesucristo y encomendado a la Iglesia,  por el que se rinde culto a Dios y se realiza la santificación de los hombres, a través de unos signos y medios que expresan el efecto interior y espiritual que Dios obra en nuestras almas.

¿Qué produce el Bautismo en quienes lo reciben? Por el Bautismo somos liberados del pecado, regenerados como hijos de Dios, hechos miembros de Cristo, incorporados a la Iglesia y partícipes de su misión.

 

¿Cuál es el significado de los ritos bautismales?

Por la señal de la Cruz hecha en la frente del que va a ser bautizado,

éste queda marcado por Cristo e indica que le va a pertenecer, pues Cristo es quien pagó el precio de su rescate.

El anuncio de la Palabra de Dios

ilumina la mente y el corazón de los candidatos y de la asamblea asistente, a la vez que suscita en todos la respuesta de la fe necesaria para recibir este primer sacramento, pórtico de entrada a los demás.

El Bautismo propiamente dicho,

que significa y realiza la muerte al pecado y la entrada a la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el Misterio Pascual de Cristo.

La unción con el Santo Crisma,

aceite perfumado y consagrado por el Obispo, significa el don del Espíritu Santo, por el que el nuevo bautizado ha llegado a ser un cristiano, es decir, ungido por el Espíritu Santo e incorporado a Cristo, sacerdote, profeta y rey.

Y la vela encendida

significa que Cristo ha iluminado al bautizado y que éste ya puede caminar, por tanto, como hijo de la luz hasta que salga al encuentro del Señor al final de los tiempos, acompañado por todos los Santos.

El bautizado es, desde ese momento, hijo de Dios en el Hijo Único. Puede ya atreverse a dirigirse al Padre con la misma oración que Jesús nos enseñó: el Padre Nuestro.

¿A qué se comprometen los padres cuando piden el Bautismo de un hijo?  Dios que es Vida y Amor les da una nueva vida, original y diferente de ellos, y les confía la responsabilidad de ayudarle para hacer de él un hombre o una mujer verdaderamente “humanos”, enseñándole a conocer y vivir como el que es verdadero Dios y verdadero hombre: Jesucristo. Para ello deberán iniciarle en los medios para conseguirlo: la oración y los Sacramentos, a través de los cuales recibimos la gracia, la fuerza, el perdón, en definitiva la Vida de Dios.

Es un compromiso que se adquiere cuando públicamente piden el Bautismo, cuando le hacen la señal de la Cruz en la frente, cuando renuncian al mal y hacen la profesión solemne de fe, cuando llevan al niño a la fuente bautismal y cuando se enciende el cirio y reciben la bendición.