“Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión (Lc 15, 7)”
Este 14 de febrero se inicia el Tiempo de Cuaresma, un verdadero período de reflexión donde los cristianos debemos prepararnos para la Pascua de Resurrección. Es un momento de conversión espiritual donde debemos ser conscientes de nuestras limitaciones como pecadores en busca de un arrepentimiento sincero y una penitencia que engrandezca nuestros corazones y nos acerque a Nuestro Señor.
Es un momento de cambio radical en nuestro comportamiento hacia Dios y hacia el prójimo, de renovación, de búsqueda de ese hombre nuevo que todos podemos llegar a ser, fiel seguidor de Cristo y del Evangelio. No debe ser una tarea limitada a nuestra intimidad, debe participar nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra parroquia e incluso nuestro propio grupo de trabajo. “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Lc 16,15)”
Los tiempos no son fáciles. Escuchamos que ser católico es propio de gente mayor y que no está de moda, incluso para muchos jóvenes Jesucristo es un verdadero desconocido. No me resigno en creer que nuestra sociedad discurre bajo criterios insolidarios buscando únicamente su propio interés, insensible al dolor ajeno, desconocedora del mensaje de Cristo de amor, compasión, justicia, perdón y gratitud. «Dios es luz y no hay en Él tiniebla alguna» (Jn 1, 5).
Este Tiempo de Cuaresma nos debe motivar especialmente. Dediquemos parte del mismo a ayudar a personas que lo necesiten, no desviemos la mirada ignorando lo mucho que podemos hacer. No se nos pedirán grandes hazañas y sí pequeños gestos que no solo serán bienvenidos sino que nos permitirán las mayores satisfacciones personales, aquellas que experimentamos cuando hacemos de la caridad una constante en nuestra vida.
No tengamos vergüenza por ser cristianos, debemos estar orgullosos, no escondamos nuestra fe ni nuestras acciones porque todas ellas son dignas. Debemos enseñar con nuestros actos y nuestras palabras todo aquello que da sentido a nuestra vida y que nos caracteriza como fieles seguidores de Jesús: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 19-20)”
Me gustaría finalizar con unas bellas y emotivas palabras expresadas por el Santo Padre que nos ayudarán en nuestra propia conversión: “No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez ( Lc1, 48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor ( Lc 1, 38)”
Ricardo Llopart





